El principio, el principio, no es siquiera importante hablar de él, es como hablar del nacimiento pálido del Sol. Durante su parto su madre nunca sangró, no existieron semanas de llanto, no se propago un red tranquila entre las Mercedes. Ellas las madres del Sol, todas paren; pero pocas alumbran.
Voces, voces, voces, permítanme un momento. Preguntaré al insoportable hueco en la pared si es que ya nació, recuerden que no me permiten salir demasiado, no mas allá del jardín. Dicen ellas que el jardín comienza donde la enredadera abandona el muro, que es por eso que no debo salir. Aquí en esta casa hay suficiente aire para respirar, no es necesario abandonar los confines del mármol y las máscaras negras.
Intento salir cuando menos un ojo, un pezón, un pedazo de noche. Respiro y soplo las velas de toda una vida, y sigo escuchando el parir de los astros por el hueco insoportable del muro.
Sol, espero algún día nazcas por el Sur, y seas la contradicción hecha de blanco. Que no necesites de pequeñas Madres, ni de injustos nacimientos sin sangre. Que un día nazcas por el Sur, que un día yo no necesite del parto para mi nacimiento, que no necesite de alas, que necesite de pechos colgantes de higuera, que mames mis senos desnudos, como Mercedes a la espera. No seré madre, no seré jamás tu partera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario