jueves, 23 de agosto de 2012

LUZ



a Roberto. 



Hubiera decidido no querer despertar.

Pero mi cuerpo, era la única tinta.

La única forma, la hora infinita.



La habitación se desdibujaba y uno a uno los maderos se levantan.

Se acomodaban con una bella verticalidad.

Yo paseaba entre ellos.

                                                                                                                          Somnolienta.

Sin oídos; pero de puntas para no despertar a todas la flores de la casa.



Detuve mi caminata frente al caballete.

Y decidí atravesar el lienzo

Me dibuje de dentro hacia afuera.

Una, a una las moscas posaron en mi rostro.



Sus alas, sus bellas alas lo cubrieron todo.

Tal vez, eso fue lo que me hizo no advertir tu presencia.

Entraste en la habitación.

                             Atravesaste los maderos.

           Cayeron. 


Despertaste a todas las flores.



Frente al lienzo alzaste la mano con la gran bombilla encendida,

Me llamaste luz…

La bombilla explotó y penetro en el lienzo mi cuerpo.


Que bien que abandone la horizontal de la cama esta mañana… Luz.



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