martes, 24 de abril de 2012

"El Desfile"

Cuando pequeña me gustaba acompañar a mi madre a la carnicería, recuerdo que me recargaba en la barra de azulejo blanco con las juntas pintadas de rojo, la gran tabla y el enorme cuchillo. El carnicero tomaba el trozo de carne y lo azotaba. Y yo estaba allí tan pero tan cerca, y quería estarlo aún mas cuando el carnicero penetraba la res y cortaba como mantequilla los filetes. De pronto olvidaba que eso era carne, se transformaba en no se que cosa. Pasaron los años y  la idea de ir a la carnicería ahora me parece repugnante, hasta hace un par de meses que fui invitada al desfile de las reces colgantes, de las manos y patas de pollo, de los huacales y los pellejos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario