lunes, 19 de diciembre de 2011

Aniversario

"Aquella noche lo amó con mayor intensidad que nunca 
porque la excitaba saber que era por última vez. 
Hacía el amor con el y estaba ya muy lejos de allí... 
Le parecía que había aún ante ella 
un enorme espacio para la libertad, 
y la lejanía de aquel espacio la excitaba. 
Hacía el amor con Franz locamente, salvajemente, como nunca lo había hecho con él".
La Insoportable Levedad del Ser
Milan Kundera.





Nunca había sentido tanta distancia entre la palma de mi mano y tu espalda, mis labios y tu frente, entre mi mejilla y la tuya; mi oreja en tu espalda. Tú cabeza en mi pecho, nuestras piernas entrelazadas, nunca antes habíamos estado tan lejos, una lejanía que no puedo explicar que no se desvanece, no se esfuma y aún así te besaba como si quisiera alcanzarte y nunca llego, nunca llego al lugar.

Una última ves, "ya es tarde, vamonos", "no te quedes dormida despierta", "¿Tienes frío?", "No".
Bajamos las escaleras así en distancia, entre palabras melosas, aún nos decíamos "amor" y sabía que sería la última. El crujir del escalón de madera, ese que esta justo antes del descanso jamas lo escucharía igual. Sabía que te decía adiós, que me quería añadir a las paredes, podría sentir cuando menos un poco de frío, tener un poco de color.

De nuevo tocaba tu mano, tu brazo, paseaba mis dedos por tu barba, esa sensación de distancia , ese pequeño espacio vacío, el vació, que se logra ver solo si pones mucha atención se comenzó a volver adictivo. Sabes dicen que entre un átomo y otro existe una distancia enorme, así que cuando toco esta hoja y escribo estas letras estoy lejana, nunca toco nada. Es probable que nunca nos tocáramos y siguiendo esa tesis nadie tocaría nada, sí nada, justamente la nada tocaba en ti ayer y supe que la amaba.

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