viernes, 11 de noviembre de 2011

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A esos fuegos que jamás incendian,
Que nunca arrojan la flama muerta, 
Supura el olor a carne impúber por debajo de los talones
¿Lo sientes?, 
Ven una caminata ligera por el parque, 
Desde la ventana, aquella silla
Sin hueco, ni nombre, ni espacio;
Sin hora, sin abuelo...
Sí, puedo ver novecientas veintiún señoras de afiladas quijadas. 

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