Que nunca arrojan la flama muerta,
Supura el olor a carne impúber por debajo de los talones
¿Lo sientes?,
¿Lo sientes?,
Ven una caminata ligera por el parque,
Desde la ventana, aquella silla
Sin hueco, ni nombre, ni espacio;
Sin hora, sin abuelo...
Sí, puedo ver novecientas veintiún señoras de afiladas quijadas.
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